Como siempre recomiendo esta revista que trae artículos muy interesantes. Éste es de la misma y como es más extenso les dejo el enlace:
http://www.revistadeartes.com.ar/revistadeartes32/antropologia_eliade_simbolismodelasaguas.html
Las aguas y los gérmenes
En una fórmula sumaria, podría decirse que las aguas
simbolizan la totalidad de las virtudes; son fons et origo, la matriz
de todas las posibilidades de existencia. "Agua eres la fuente de toda cosa
y de toda existencia", dice un texto indio, sintetizando la larga tradición
védica. Las aguas son los cimientos del mundo entero; son la esencia de la
vegetación, el elíxir de la inmortalidad, semejantes a la amrita; aseguran larga
vida creadora y son el principio de toda curación, etc. "¡Que las aguas nos
traigan el bienestar!", rogaba el sacerdote védico. "¡Las aguas, en
verdad, son curadoras; las aguas expulsan y curan todas las
enfermedades!".
Principio de lo indiferencial y de lo virtual, fundamento de
toda manifestación cósmica, receptáculo de todos los gérmenes, las aguas
simbolizan la sustancia primordial de la que nacen todas las formas y a la que
vuelven, por regresión o por cataclismo. Fueron al comienzo, retornan al final
de todo ciclo cósmico, existirán siempre -aunque nunca solas- porque las aguas
son siempre germinativas, encerrando en su unidad no fragmentadas las virtudes
de todas las formas.
En la cosmogonía, en el mito, en el ritual, en la iconografía,
las aguas llenan la misma función, cualquiera que sea la estructura de los
conjuntos culturales en los que se encuentran: proceden a toda forma y sostienen
toda creación. La inmersión en el agua simboliza la regresión a lo preformal, la
regeneración total, el nuevo nacimiento, pues una inmersión equivale a una
disolución de las formas, a una reintegración en el modo indiferenciado de la
preexistencia; y la salida de las aguas repite el gesto cosmogónico de la
manifestación formal, el contacto con el agua implica siempre la regeneración;
por una parte, porque la disolución va seguida de un nuevo nacimiento", por otra
parte porque la inmersión fertiliza y aumenta el potencial de vida y de
creación.
El agua confiere un "nuevo nacimiento" por un ritual
iniciático, cura por un ritual mágico, asegura el renacimiento post mortem por
rituales funerarios. Incorporado en sí todas las virtualidades, el agua se
convierte en símbolo de vida (el "agua viva", rica en gérmenes, fecunda la
tierra, los animales, la mujer). Receptáculo de toda virtualidad, fluido por
excelencia, soporte del devenir universal, el agua es comparada, o directamente
asimilada con la luna. Los ritmos lunares y acuáticos están orquestados por el
mismo destina: gobiernan la aparición y desaparición periódicas de todas las
formas, dan al universal devenir una estructura cíclica.
Por eso, desde la prehistoria, el conjunto luna-agua-mujer era
percibido como el círculo antropomórfico de la fecundidad. En los vasos
neolíticos, era representada por el signo vvv que es también el más antiguo
jeroglifo para el agua corriente. Ya en el paleolítico, la espiral simbolizaba
la fecundidad acuática lunar; marcada sobre ídolos femeninos, homologaba todos
estos centros de vida y de fecundidad. En las mitologías amerindias, el signo
glífico del agua, representado por un recipiente lleno de agua en el que cae una
gota proveniente de una nube, se encuentra siempre asociado a emblemas lunares.
La espiral, el caracol (emblema lunar), la mujer, el agua, el pescado,
pertenecen constitucionalmente al mismo simbolismo de fecundidad, verificable en
todos los planos cósmicos.
El riesgo de todo análisis es fragmentar y pulverizar en
elementos separados lo que para la conciencia que los representó componía una
sola unidad, un cosmos. El mismo símbolo indicaba o evocaba una serie entera de
realidades que no son separables y autómatas salvo en una experiencia profana.
La multivalencia simbólica de un emblema o de una palabra perteneciente a las
lenguas arcaicas nos hace observar continuamente que, para la conciencia que los
forjó, el mundo se revelaba como un todo orgánico.
En sumerio, a significaba aguas, pero significaba
igualmente "esperma, concepción, generación". En la glíptica mesopotámica, por
ejemplo, el agua y el pez simbólico son los emblemas de la fecundidad. Todavía
en nuestros días, entre los primitivos, el agua se confunde (no siempre en la
experiencia corriente, pero regularmente en el mito) con el semen viril. En la
isla de Wokuta, un mito recuerda cómo una muchacha perdió su virginidad por que
dejó que la lluvia tocase su cuerpo; y el mito más importante de la isla
Trobriand revela que Bolutukwa, la madre del héroe Tudava, se hizo mujer a
consecuencia de algunas gotas de aguas caídas de una escalinata. Los indios
prima de Nuevo México tienen un mito semejante: una mujer muy hermosa (la tierra
madre) fue fecundada por una gota de agua caída de una nube.
