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05 abril 2014

EL LÍDER Y EL SENTIDO DE LA URGENCIA


 Tácticas para Incrementar el sentido de Urgencia.

 ENCONTRAR LA OPORTUNIDAD EN LA CRISIS.

Suele existir dos puntos de vista sobre la naturaleza de la crisis:

a)   Aquellos para los que la crisis son acontecimientos horribles, angustiosos y destructivos,

b)   Aquellos para los que la crisis constituye una “plataforma ardiente”, dado que cuando el fuego empieza a extenderse a su alrededor, todo el mundo se mueve, el status quo se elimina, y un nuevo comienzo es posible. En este sentido, por “plataforma ardiente” se entiende un estado de necesidad que predispone al cambio.

Evita la crisis y contrólalas, pero ¡ojo!...

Las organizaciones tienen dos maneras de controlar el comportamiento para evitar problemas menores o grandes crisis:

a)  La formal y rígida: Creación de estructuras, procesos, sistemas y reglas. Suele ser usada en las grandes empresas. Controles de calidad, presupuestarios, de procesos, de daños…. 

b)   La informal y flexible: a través de la influencia de los pares, atención de los jefes, y, sobre todo, cultura organizacional. Más típico de las empresas pequeñas.

Pero el problema al que tienden todos estos mecanismos de control, especialmente los formales, es que se pueden volver tan opresivo que anulen el espíritu empresarial así como dificultar, por su rigidez, la posibilidad de cambio.
También hacen que la mirada y los recursos se dispongan hacia adentro (reglas, leyes, normas se cumplan), y no hacia el exterior, con lo cual generan autocomplacencia (ya están los mecanismos funcionando luego la hacemos bien), que lleva de nuevo a enfocarse hacia adentro.

Usa la crisis para crear urgencia, pero ¡ojo!....

Lo habitual cuando se desencadena una crisis es que se desencadene un movimiento frenético que conlleva ansiedad, enojo y culpabilización del prójimo.

Se entra en un circulo viciosos de actividad y autodestrucción, cuando debiera ser todo lo contrario, un mensaje sencillo: “tenemos que actuar, y rápido. Culpar a los demás no nos llevara a ninguna parte. Si actuamos con inteligencia no solo podremos resolver la crisis inmediata, sino estar en condiciones de enfrentarnos a una competencia más fuerte y a acontecimientos turbulentos en el futuro”. Este es el tipo de mensaje que transmite la sensación de estar resuelto a actuar y ganar ahora. Y ese tono positivo y proactivo del mensaje convierte el enojo y la ansiedad a una sensación de necesidad de moverse rápido con audacia e inteligencia.

Los líderes con un auténtico sentido de urgencia no se dejan llevar por el pánico, y por ende, no empeoran la situación. No entran en la moda de administrar la crisis y ceder las riendas a los expertos en control de daños, pero tampoco suponen jamás que en las crisis hay una oportunidad garantizada.

Son conscientes de que la gente molesta, aterrorizada o temerosa puede crear el frenesí de actividad asociada con la falsa urgencia que puede empeorar la situación. De ahí la palabra posible, pero es una oportunidad posible que se busca agenciosamente.

A su vez, los líderes con verdadero sentido de urgencia son también conscientes de que el mayor problema está en el corazón, donde el miedo y el descontento pueden matar la esperanza y detener el surgimiento de un verdadero sentido de urgencia.

Gracias a que reconocen esto, suelen actuar con pasión, con convicción, con optimismo y con determinación férrea. Son plenamente conocedores de que las charlas analíticamente correctas, pero carentes de emotividad, no tienen éxito, y por ello no pierden el tiempo ofreciéndolas.

Toman medidas cuidadosas para convertir la ansiedad y el descontento inicial en determinación de actuar y ganar ahora, y medidas cuidadosas quiere decir prever cómo van a comportarse los otros, y diseñar planes cuyo objetivo sea desarrollar al máximo el sentido de urgencia.

Crea la crisis, pero...

Dentro de la lógica de las plataformas ardientes, si el devenir de los acontecimientos no crea una crisis, el líder con sentido de urgencia debe hacerlo. No hay que esperar. No hay que desear que ocurra. Hay que desarrollar una estrategia y actuar. Esta idea, puesta en práctica con entusiasmo pero a ciegas, no es sensata. Usada con criterio puede ser excepcional.

La crisis debe conllevar el fijarse metas ambiciosas, esto es, deben ser lo suficientemente altas para que no haya forma de cumplirlas si la gente actúa como si no pasase nada.

Los líderes que crean crisis para aumentar el sentido de urgencia, y que lo hacen con éxito, usan los mismos métodos que para el caso de la crisis sobrevenida. Piensan en oportunidades. Buscan aliados. Son proactivos y no dan por hecho que la crisis por sí sola, reducirá la autocomplacencia y propiciará la acción necesaria. Son conscientes del papel central y accionador de las emociones, no solo los pensamientos, y actúan en conformidad.

Y muy importante, las crisis creadas y que tienen éxito tienen que ver con problemas reales del negocio. No son estratagemas separadas de los verdaderos retos que el negocio enfrenta. Las estratagemas se usan porque son fáciles de crear, pero si no responden a necesidades reales del negocio, encauzarán mal  la energía y pueden hacer perder la confianza en el líder.

Conoce y evita los cuatro errores más peligrosos al utilizar la crisis.

Primer error grave.- Suponer que la crisis inevitablemente creará el sentido de urgencia que se necesita para mejorar. Sin la acción y la planeación necesaria para apalancar la crisis, la situación en vez de mejorar, probablemente empeore.

Segundo error grave.-Excederse en una estrategia que cree una reacción violenta porque la gente se sienta manipulada.

Tercer error grave.- Sentarse pasivamente a esperar la crisis. Una estrategia pasiva, confiada,  de sentarse a esperar,  falla.

Cuarto error grave.- Subestimar lo que las personas que están dispuestas a evitar la crisis a cualquier precio comprenden correctamente: la crisis puede traer desastre.

En resumen, la mejor evidencia de que disponemos hoy día nos dice que las crisis pueden usarse para crear verdadera urgencia si se siguen los siguientes principios:

1.       Siempre piensa en las crisis como oportunidades potenciales, y no solo como problemas horribles que automáticamente deben delegarse en especialistas en control de daños. La crisis puede ser una buena aliada.
2.        Jamás olvides que las crisis no reducen la autocomplacencia automáticamente. Las plataformas ardientes, si no se les hace seguimiento y no se las maneja bien, pueden ser desastrosas y conducir a que haya temor, enfado y culpa, y a que prospere el comportamiento activo, pero disfuncional, que se asocia con la falsa urgencia.
3.       Si vas a aprovechar una crisis para reducir la complacencia, asegúrate de que sea visible, inequívoca, tenga relación con problemas reales del mundo empresarial, y sea lo suficientemente importante como para requerir más que paños de agua tibia. No te dejes llevar por el impulso de minimizar u ocultar las malas noticias.
4.       Si vas a valerte de una crisis para reducir la autocomplacencia, sé excepcionalmente proactivo al evaluar cómo actuará la gente, al desarrollar planes específicos para la acción y al implementar rápidamente los planes.
5.       Los planes y las acciones siempre deben llegarles a los demás al corazón, tanto o más que a la mente. Actuar con pasión, convicción, optimismo, urgencia y una determinación férrea siempre logrará mejores resultados que enviar un memorando analíticamente brillante.
6.       Si el sentido de urgencia está bajo, jamás te sientes a esperar a que la crisis ocurra para resolver el problema, pues puede suceder que nunca llegue. Lleva el mundo exterior a la empresa. Actúa con urgencia cada día.
7.       Si estás pensando en crear una crisis para aumentar la urgencia, cuídate mucho de no perder el control y de que la gente vaya a pensar que les estás manipulando y poniéndoles en peligro, pues reaccionarán mal, y con toda razón.
8.       Si eres una persona de nivel medio o incluso más bajo en la organización y ves que una crisis puede convertirse en una oportunidad, identifica a algún superior accesible y de actitud abierta que pueda tomar las riendas, y luego trabaja con él.

·         Desde luego que tenemos que ser prudentes, pero en un mundo que cambia rápidamente, encontrar oportunidades en las crisis probablemente reduce el riesgo general.



13 enero 2014

HIJOS DE REA Y CLONES DEL BUDA

Este artículo fue publicado en el blog del Dr. JAVIER AKERMAN 

El budismo nos enseña que la libertad no debe entenderse como “poder hacer lo que queremos”, sino “tener menos necesidad de hacer por nosotros y más por los demás”. Este esfuerzo se convierte en “energía gozosa” o "virya", que fecunda las situaciones y las enriquece. 

Eduardo Velásquez, autor de un ensayo sobre el budismo y la crisis económica, lo ha dejado muy claro. Sus sabias palabras deberían ser meditadas por todos, incluidos los economistas que buscan una explicación-solución a la crisis que estamos viviendo:
"Si pensamos que antes estábamos mejor, estamos equivocados; estábamos peor; estábamos creando las causas que nos han traído al presente. Si en diez años estamos mejor, es porque lo que hacemos hoy es mejor de lo que hicimos hace diez años. Si no entendemos esto, si no entendemos que la causa es más importante que el efecto, no podremos aprender en forma inteligente. Para cambiar el efecto hay que cambiar la causa, hay que entenderla. Tratar de cambiar el efecto, de curar el síntoma sin ver la enfermedad, es no haber aprendido lo que hay que aprender. La sabiduría mundana nos dice que para entender la historia debemos mirar el dinero, riqueza, la economía; la sabiduría budista nos dice que debemos mirar el karma. 
Un cambio en el sistema económico no cambia necesariamente la dinámica de las relaciones humanas. De la misma forma debe proceder el cambio, del nivel más sutil al más burdo, o de arriba hacia abajo, si se quiere. 
Si la conciencia en la clase “dirigente”, la clase que genera las ideas, no cambia, no puede cambiar el campo en el que ella ejerce su influencia, en el que dicta su ley. Mientras nuestras vidas estén regidas por la ignorancia, por el deseo de alcanzar nuestra felicidad en forma egoísta, no habrá sistema posible que haga verdadera justicia".

Pero no olvidemos algo importante: la clase dirigente o política somos en realidad los que depositamos la papeleta en las urnas. 
Los políticos que nos representan tienen que ser fieles notarios de nuestra soberana y democrática voluntad. Sus fallos son nuestros fallos. 
Nuestras voces son libres, incluso más allá de los comicios electorales. 
Hay que recuperar la solidaridad social, el cooperativismo y el asociacionismo solidario, por encima de los rígidos modelos que propugna el sistema capitalista anquilosado actual. Porque aunque defiendas dicho sistema serás al final devorado por el padre que defiendes, como el Saturno goyesco. Saturno/Crono se comía los hijos recién nacidos de Rea, su mujer, por temor a ser destronado por uno de ellos. 
Todos somos hijos de Rea y no debemos dejarnos devorar por ese padre cruel y psicópata. ¿No ves que ya te está comiendo la lengua, las manos y la dignidad? 
Publicado por JAVIER AKERMANen 08:06 

Etiquetas: budismo, crisis, economía