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18 julio 2010

LA BÚSQUEDA


Es solo un trocito del Universo que refleja millones y millones de kilómetros, años luz, todo lo que parece tan cerca está tan distante que no lo podemos ni siquiera imaginar.
Pensar que solo necesitamos elevar nuestra mirada para encontrarnos con tanta maravilla, pero hete aquí que precisamente eso nos da la dimensión de la lejanía... Solo vemos unas pocas estrellas en el entorno...
Sumado a esto la contaminación lumínica de las ciudades nos deja ver solo las más brillantes, que a veces no son las más significativas.
Entonces conviene ir a la parte más alta, más solitaria y más oscura para poder ver otra parte de estrellas no menos importantes… y seguramente no las veamos todas o en su total dimensión; suelen estar en otro hemisferio, en otra galaxia, en otro lugar de este Universo, de este mi país, de aquel tu país…
Luego están las estrellas fugaces, también la lluvia de estrellas, las que nacen y las que mueren.

Así pasa con todo lo que hacemos y somos, solamente retirándonos un poco a la parte más alta, más solitaria y más oscura de nosotros mismos, podemos analizarnos y vernos en nuestra total dimensión; tanto lo más brillante que siempre está a la vista, como lo menos significativo pero que también es de vital importancia en nuestro acontecer diario, en nuestro proceder, en nuestro Ser.
Sabemos que al igual que en el universo hay en nuestro interior pozos oscuros que descartamos inconcientemente porque no es grato saber de ellos.
Y qué decir de la apreciación de los seres que nos rodean, a veces nos topamos con algunos que brillan y luego… bluupp… se apagan de golpe.
No faltan los que son oscuros y tratamos de evitar puesto que los reconocemos enseguida, pero están allí, lo sabemos muy bien: esos nos muestran nuestra propia oscuridad.
Hay seres que pasan como una lluvia de estrellas sobre nosotros, pero se van rápido, aunque dejan una estela refulgente, amorosa a veces.
Otros pasan desapercibidos pero en el momento que hace falta se encienden y nos iluminan con su inteligencia, su ternura, o su compañía silenciosa.

Pasa otro tanto con las estrellas lejanas... que ni vemos... pero están allí, siempre tendremos la esperanza de verlas y apreciar su luz.

Estan los seres de "buena" estrella, esos que en algún momento nos acompañaron para confortarnos.

Los de "mala" estrella no los conozco, pero seguro que en algún lugar andarán.

También están las estrellas que solo por bellas nos alegran la noche.

Las pequeñitas son estrellas dulces como pocas...

¡Cuánto nos parecemos a las estrellas!
Busquemos ese tesoro escondido en ellas.
Busquemos el tesoro que hay en nuestro interior.
Busquemos el tesoro que hay a nuestro alrededor.
Apreciemos las estrellas que nos rodean ya que todas nos aportan algo para aprender.

3 comentarios:

  1. donde yo vivo no se ven las estrellas, demasiada contaminacion luminica. Espero poder vivir pronto en otro sitio

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  2. VAINILLA: es una pena, aquí se ven preciosas, en Coruña tampoco se veían un poco por el clima y otro poco por la contaminación. Cuéntame de tu plan para mudarte, es una experiencia fuerte el hacerlo, calculá que yo me mudé a + ó - 3.000 km. de distancia. Estoy feliz aquí y fué feliz allí. Todo un aprendizaje. Beso grandote.

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  3. no puedo ir muy lejos por motivos laborales, pero si consiguiera una casita en la montaña creo que seria mas feliz. Y veria las estrellas!

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Me alegra tu visita. Gracias.