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19 diciembre 2007

FOTOS Y NAVIDADES - La felicidad está hecha de momentos hermosos -



La abuela observó la foto detalladamente. Bebía cada detalle de esa pequeña figura, que la miraba posando junto al árbol de Navidad. Habían pasado varias Navidades y esa foto la acompañaba en cada una de ellas, es más desde el coqueto marco elegido con esmero estuvo con ella cada día y cada noche en presencia espiritual y casi física.
Era difícil imaginarla de otra manera, aunque ella sabía muy bien que cuando la viera nuevamente sería casi una señorita. ¡Cuántos momentos perdidos, pero cuántos momentos compartidos! Su corazón sabía de adelantos, alegrías y sinsabores que la niña pasaba.
Su pensamiento volaba tan intensamente por las mañanas, que la abuela sonreía imaginando que la pequeña estaría soñando con ella en ese momento. Estar lejos era realmente triste, además la distancia era muy grande como para verse aunque fuera una vez al año. Tenían que conformarse con llamados telefónicos y, por supuesto no muy seguido, pues no resultaba precisamente económico.
La voz de su nieta era tan alegre y se expresaba tan bien, que no cabía pensar sino que era una niña feliz y en eso su hija tenía mucho que ver. Una hija que tuvo que crecer de golpe.
Casamiento feliz, disfrutando de su pareja y afianzándose en ella, a los tres años llegó la pequeña. Embarazo y parto sin complicaciones. ¡Qué alegría fue estar con ellos esos días!, ver esa niña pequeña rosadita, regordeta y llena de pelo oscuro descansando plácidamente en brazos de su madre, fue un premio en la vida de la abuela.
A los dos años del nacimiento, una desgraciada y rápida enfermedad enlutó a la familia. La mirada del padre, sus ya debilitadas manos y su triste corazón no querían que la niña lo viera así en los últimos momentos.
La abuela estuvo presente. Doloroso y asumido final para un padre que en sus últimas cartas le pedía que velara por las dos mujeres que dejaba, y triste final para una pareja que llevaba una vida sencilla, pero unidos y con proyección de futuro.
Se vieron en otra Navidad, la niña había crecido, pasearon juntas por las tierras lejanas donde vivía la abuela. Las tres mojaron sus pies en la orilla de un mar que madre e hija veían por primera vez. Recorrieron calles y ciudades, aquilatando cada momento, escucharon otro idioma, otros giros temáticos y compartieron nuevas amistades y diferentes costumbres, disfrutando a tope cada momento vivido. Luego la despedida y nuevamente a mirar fotos amorosamente.
La responsabilidad se hizo mayor y la joven mamá viuda, asumió todos los riesgos y todos los resultados. La nieta crecía y lo hacía bien, inteligente, aplicada, alegre, sana. Entonces nuevamente las reunió la Navidad. La abuela volvió al terruño, ahora era ella la que sorbía cada instante compartido. Esta vez la niña era tan alta como el árbol de la foto de Navidad. También era ahora más coqueta. Madre y abuela orgullosas.


La despedida fue más dura, y algo más triste, la niña ya tenía más conciencia de las separaciones. Además la abuela sabía que ella tenía más sentido del no padre, del no hombre de familia. Y, aunque el hijo-tío esuviera presente, no es una presencia constante... No marcará pautas cotidianas que solo puede mostrar un padre.
El teléfono es el gran intermediario en las próximas Navidades, la abuela prepara el mejor menú, y el nexo telefónico los unirá. Los tiempos se han hecho más difíciles, las líneas se saturan, recibirá solo la llamada del hijo-tío. También basta, las noticias son buenas, están todos bien, esos es lo importante. Ella sabe que no hay distancia. Están conectados en espíritu y corazón.
La "pequeña" empieza el 2008 la secundaria... ¡Qué cambio!
Ya queda menos para estar juntas, seguramente nos costará un poco comprendernos, pero seguro que las tres llegaremos a acuerdos basados en el amor.
Desde la distancia la madre-abuela con su valor, con su sacrificio, con sus errores y sus aciertos contempla la foto, y en un eterno rezo tantas veces repetido agradece al infinito la dicha de tenerlas. Agradece el eterno renacer de la esperanza, del compromiso con la vida.
De la vida misma.

4 comentarios:

  1. Bonito relato y muy bien escrito.
    Yo también disfruto cuando vienen
    mis nietas, son momentos que hacen que olvides las penas mientras están en casa.
    saludos.
    Josefa

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  2. Gracias por visitarme Josefa: SALUD, AMOR Y FELICIDAD EN ESTAS FECHAS

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  3. Lo que más me gusta de este "imvento del blog" es poder encontrar en el nunja jamás personas sensacionales, con vivencias únicas y sensacionales, darte cuenta que lo tuyo es casi como lo de todos y que a menudo nos une mucho mas que nos separa. Gracias porpasar, bienvenida y en tu espacio me encontrarás siempre que pueda. hermoso y triste relato,esperanza y amor a la par. Gracias, felices días, feliz vida. Un beso.

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  4. ZEL: Gracias a vos por unirte a este blog. AMOR, VENTURA Y SALUD EN EL 2008

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Me alegra tu visita. Gracias.